martes, 19 de marzo de 2013

El Papa Francisco - Pablo Sebastián




El Papa Francisco

PABLO SEBASTIÁN

Algún día conoceremos los verdaderos motivos de la renuncia al papado de Benedicto XVI y el por qué de su anunciado desfallecimiento “espiritual” y sensación de que “Dios estaba dormido” o ausente. La renuncia de Ratzinger ha sido el reconocimiento de un gran fracaso pastoral en el mandato de un Papa como Benedicto XVI que parecía el más preparado, culto e inteligente de la Curia de su tiempo. La que él mismo había pastoreado y controlado para triunfar en el Cónclave de 2005 en el que “entró Papa” y salió Papa, como consecuencia de sus alianzas con la zona integrista de los cardenales del tiempo de Juan Pablo II, de la que se auto proclamó natural sucesor.
Ratzinger comprendió tarde y mal que el carisma de Juan Pablo II lo abarcaba todo y lo tapaba todo, desde los abusos y malversaciones de los fondos vaticanos hasta los casos de pederastia. E incluso el retroceso de la Iglesia en el mundo por causa de su falta de capacidad para conectar con los ciudadanos más necesitados y con los tiempos de la modernidad. Por todo ello y reconociendo su fracaso e incapacidad para controlar a lo “peor” de la Curia, Benedicto XVI abdicó de su reinado y Dios se despertó y le dio a su Iglesia un Papa pastor de almas y de pobres. Un jesuita, el Papa Francisco, que era lo contrario, e incluso el adversario natural, de lo que significó Juan Pablo II de quien se dice que mantuvo una actitud injusta e implacable contra el que fuera “Papa negro” o el último gran líder de la Compañía de Jesús, el padre Arrupe.
Un Papa moderado, con inquietudes sociales, que quiere que la Iglesia no se pare y que camine -¿hacia la modernidad?- y además jesuita y con nombre ambiguo de Francisco Javier y Francisco de Asís, muy cerca de los cristianos de a pie y muy lejos de todas esas organizaciones eclesiásticas cercanas al mundo del dinero y del poder, Comunión, Opus Dei, Legionarios y Kikos. Se puede decir que Dios se despertó y le impuso a Ratzinger el sucesor que se merecía, aunque las expectativas e ilusiones que el Papa Francisco ha levantado en sectores moderados o progresistas y renovadores de la Iglesia, están por ver y el tiempo dirá si el hoy “hermano lobo” de Buenos Aires, no acaba convirtiéndose en otro fiero “pastor alemán” como Benedicto XVI.
Sus comienzos, con alardes de sencillez y de humildad en medio de ese ancestral y esplendoroso protocolo eclesiástico, han sido bien recibidos y además ha dado alguna muestra de autoridad, que falta le va a hacer en Roma. Además la sorpresa que provocó su elección -fuera del Cónclave pero no entre los cardenales- le ha dado a su “reinado” un plus de expectación y de notoriedad, que sumada a la propia propaganda televisada de la dimisión de Benedicto XVI, de su retiro a Castel Gandolfo, y del Cónclave y la llegada del nuevo e inesperado Papa jesuita y latinoamericano, hacen que el Papa Francisco sea en estos momentos un reconocido líder mundial, a pesar que su tiempo acaba de empezar.
Pero tanta notoriedad incluye la seguridad de que todos sus pasos y decisiones serán seguidos y estudiados con la máxima exigencia y atención y pronto tendremos noticias de valoraciones, en fondo y forma, sobre los primeros pasos de su papado, para bien o para mal porque a buen seguro que la actuación del Papa Francisco indiferentes no dejará al conjunto de la sociedad.

El Papa del “fin del mundo”




Francisco, el Papa del “fin del mundo”

 

PABLO SEBASTIÁN
Jesuita, americano, argentino, el nuevo Papa se llama Francisco, tiene 76 años, está considerado un “moderado” cercano a los problemas de los fieles de la Iglesia y era hasta el día de ayer el cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. Un Papa que, en cierta manera representa un cambio importante en el seno y la cúpula de la Iglesia Católica, por cuanto se distancia de las recientes intrigas y luchas de poder de la Curia vaticana. Y también por su trayectoria y su condición de jesuita americano (“parece que los cardenales han ido a escoger al nuevo Papa al fin del mundo”, dijo en sus primeras palabras) frente a los dos papas anteriores más integristas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, porque puede que Francisco I esté en la mitad del camino que va de sus predecesores a Juan XXIII.
Un Papa americano, por primera vez en la historia del Vaticano (todos los anteriores Papas fueron europeos), hispanoamericano que habla castellano como su lengua materna y con claro acento argentino, lo que constituye un reconocimiento por el colegio de los cardenales no solo de su persona sino también de la fuerza de la Iglesia Católica en toda América Latina. Y, dada su condición de jesuita, un reconocimiento a la labor a la Compañía de Jesús, que fundara San Ignacio de Loyola, en todo el mundo.
Un dato este último que habrá sido apreciado en el Cónclave por los cardenales de Asia, África, América y España, frente al núcleo duro italiano y europeo. Y lo que habrá facilitado su victoria en la quinta y a la vez última votación, tras las eliminaciones sucesivas de los que parecían candidatos favoritos y hombres fuertes de la Curia, que han quedado finalmente relegados. De hecho se cuenta que, en el anterior Cónclave de 2005, el cardenal Bergoglio había recibido entonces el voto de muchos de sus compañeros. Se llegó a decir que incluso había quedado finalista con Ratzinger.
Y se subraya que como una persona más cercana al pueblo dista mucho de las últimas intrigas vaticanas de las que ahora tendrá todas las noticias pertinentes, al acceder al informe secreto del ‘Vatileaks’ que le ha dejado su antecesor Benedicto XVI, con el que ahora conversará el nuevo Papa Francisco I. El que nada más salir al balcón de la Plaza de San Pedro dedicó palabras de elogio y oraciones para el Papa emérito Ratzinger. Antes se presentó a los allí congregados como el obispo de Roma y luego pidió a los presentes que rezaran en silencio por él y finalmente les ofreció su bendición.
Sin duda una gran sorpresa para todo el mundo, y sobre todo para los medios de comunicación, aunque puede que no para muchos de los cardenales que participaban en el Cónclave que ya llevaban en su mente la intención de votar al cardenal Bergoglio, quien a buen seguro fue ganando adeptos hasta conseguir la mayoría o más de los dos tercios (77 votos) del colegio de electores (115).
Una gran sorpresa para los medios de comunicación y también para los católicos de todo el mundo. Y sobre todo una esperanza de cambio y de modernidad si es que el Papa Francisco I inicia un camino de renovación y a la vez pone orden y se enfrenta a todos y cada uno de los problemas de la Curia romana que, sin duda, habrán influido en la renuncia y la marcha de Benedicto XVI. Y sorpresa y puede que alguna reticencia puede que haya causado entre algunas congregaciones y prelaturas de la Iglesia, por ser Jesuita, como los seguidores de Comunión y Liberación, a los Neocatecumenales, Legionarios de Cristo y el Opus Dei, que quizás hubieran preferido un Papa mas integrista y conservador.
Para España, el Papa Francisco, como hispanoparlante y a la vez latinoamericano, esta es una buena noticia y parece probable que los cinco cardenales españoles que acudieron al Cónclave le han dado su voto. Y qué decir para Suramérica, Argentina y Buenos Aires, aunque ahora se recuerda que no se enfrentó a la dictadura militar que tantas atrocidades cometió en su país. Sin embargo es a partir de ahora cuando conoceremos al nuevo Papa y el rumbo que impondrá en la Iglesia Católica, tan necesitada de un nuevo impulso y de un “pastor”. Francisco I ha dicho que los cardenales fueron a elegir al nuevo Papa “al fin del mundo”. Precisamente de allí, de la tierra de fuego, ha de venir su innovación.

lunes, 18 de marzo de 2013

Torrijas tradicionales




Aquí va un manjar propio de estas fechas y que, si está bien hecho, hará que exclamemos:  "Ufff, esto es boccati di cardinali" 







TORRIJAS TRADICIONALES


Ingredientes:

1 barra de pan especial para torrijas, 
1 L de leche, 
1 ramita de canela, 
1 corteza de limón, 
 ½ vaina de vainilla, 
2 huevos batidos, 
200 g de azúcar, 
aceite de oliva, 
300 g de azúcar, 
4 cucharadas soperas de miel, 
2 cucharadas soperas de brandy
y
500 ml de agua.

Elaboración:
Cortamos el pan en rebanadas oblicuas de unos 2 cm y las colocamos en una bandeja honda.
Calentamos la leche con la canela, el azúcar, la corteza de limón y la vainilla. Dejamos hervir y vertemos sobre el pan, dejando reposar.
Pasamos las torrijas por huevo batido y freímos en abundante aceite de oliva por las dos caras, escurrimos sobre papel absorbente y enfriamos.
Ponemos un recipiente al fuego con el azúcar, la miel y el brandy y dejamos que tome un color rubio. Añadimos el agua y cocemos unos 10 minutos.
Enfriamos.
Vertemos el almíbar sobre las torrijas y servimos

El eslabón entre dos Papas, Georg Gänswein






GEORG, EL ENIGMATICO ESLABÓN ENTRE DOS PAPAS
Abc-sociedad

Georg Gänswein estuvo siempre al lado de Benedicto XVI. Como Prefecto de la Casa Pontificia también se ha convertido en una presencia habitual en la vida del nuevo Papa

La sala Clementina del Vaticano. Reunión de despedida entre los cardenales del Cónclave y el nuevo Pontífice. Una presencia impoluta sobresale entre las sotanas negras de los purpurados. Es Georg Gänswein (Alemania, 1956), secretario personal de un Papa, Benedicto XVI, y jefe (prefecto, según la nomenclatura vaticana) de la Casa de otro Papa, Francisco.
Los purpurados que eligieron a Bergoglio saludan con cariño al sucesor de Ratzinger pero inmediatamente se dirigen a abrazar (Rouco lo hace durante largos minutos) al obispo de la diócesis alemana de Urbisaglia; todos le solicitan información sobre el Papa emérito, detalles de su vida en Castel Gandolfo, y muchos, casi todos, le entregan regalos para él.
La escena es una metáfora bien elocuente de que solo un hombre en la curia tiene balcones con vistas en los dos Pontificados. Ese es «don Georg», el apelativo con que le nombra la Prensa italiana. O Il Bel Giorgio, como le llama la nobleza romana entre la que se prodigó hace años, cuando tan solo era colaborador del cardenal Ratzinger en la Congregación para la Doctrina de la Fe. O el «George Clooney» de la Iglesia, como le apodó Donatella Versace, antes de que perdiera la cabeza y las agujas y le dedicara una de sus más exitosas colecciones de moda.
Preguntar por Gänswein en los pasadizos del Vaticano es toparse con un tabú menos poroso que los muros de hormigón. «De acuerdo con la Curia, ha decidido no hablar con nadie. Mantenerse en segundo término para poder cumplir con su delicada misión». ¿Cuál es esa misión? «Trasladarle los asuntos sensibles a Bergoglio». Son palabras de un alto funcionario que asesora a la Curia y que prefiere mantener el anonimato.
Ante la insistencia, explica a ABC la equivalencia española a la magistratura que ahora encarna el secretario del Papa emérito. «Su cargo es equiparable –sostiene- al que tiene el jefe de la Casa del Rey de España. Es decir, actualmente la agenda y la organización de los actos del Papa Francisco están absolutamente en sus manos. Más que en las de Bertone, el secretario de Estado». Por eso tuvo que abandonar Castel Gandolfo el pasado martes para asistir, como obispo, a la Misa Pro Eligendo Romano Pontífice. Pero más importante fue su presencia inevitablemente morbosa en la procesión que acompañó a los electores hasta la Capilla Sextina. Ahí no era la de obispo la dignidad demandada, sino la de Prefecto de la Casa Pontificia. Es decir, lo hizo como lo haría Rafael Spottorno en cualquier acto oficial de Don Juan Carlos.

La traición de «Paoletto»

Su apostura (1,80 de estatura, moldeada como profesor de esquí), que ha devenido en el imaginario femenino en un trasunto de Richard Chamberlain en «El Pájaro Espino», no ha conseguido perturbar la percepción que en la maquinaria vaticana se tiene de él: germano de los pies a la cabeza, «cerebro» de Derecho Canónico y mucho más halcón que paloma de la doctrina católica. Desde que en 2006 Ratzinger lo nombrara su «mano derecha», algunos en la curia lo temen. Son los mismos que en estos días toman dos tazas de Gänswein, por si una fuera poca.
Esos funcionarios no han olvidado cómo la tarde del 28 de febrero, minutos antes de que un helicóptero le trasladara junto a Ratzinger a la orilla del lago Albano, el que hoy se ha convertido en el único puente entre los dos Papas lloraba como un niño al clausurar la tercera planta de la Loggia, cuyos apartamentos habían cobijado los años de Pontificado de Benedicto XVI durante ocho años.
Dejaba atrás casi dos lustros de un aprendizaje a «machamartillo» de las intrigas palaciegas, de un curso acelerado de la diplomacia más celebrada, la vaticana, y de muchos sinsabores, pero fundamentalmente uno: la traición de Paolo Gabriele, el célebre «Paoletto», mayordomo infiel incardinado en la estructura que dirigía don Georg y que alumbró el «vatileaks», un escándalo con menor sustancia de lo que su fama ha dejado escrito en los periódicos.
El responsable de la felonía de airear los secretos del Vaticano dio una estocada desde luego al Papa, pero también a su principal colaborador, que tuvo que testificar en el proceso judicial que llevó al acusado a la cárcel, condenado a 18 meses de reclusión. Tiempo después fue perdonado por el Papa emérito. Quizá esos recuerdos le invadieron cuando el pasado miércoles, tras el «Habemus papam», el obispo alemán tuvo que desprecintar los apartamentos papales para recibir al primer Pontífice argentino. La prensa italiana cuenta cómo el padre Leonardo Sapienza tuvo, ante el aturdimiento del obispo, que «traerlo a la realidad» y recordarle que tenía que encender la luz de los aposentos. Parecía, según el rotativo «La Stampa», «perdido en sus recuerdos».

La Casa, en sus manos

Gänswein tiene en sus manos la Casa del Papa. Por eso estos días se prodiga a su lado. Eso sí, con la boca sellada por la prudencia, la misma que guardó cuando cierta Prensa especuló que su nombramiento como Prefecto, el pasado diciembre, obedecía al interés de Ratzinger de perpetuarle en la Curia sabedor de que iba renunciar a su Pontificado. A la derecha de Francisco estuvo en la audiencia del Papa con más de cinco mil periodistas el pasado sábado y no faltará mañana en la Misa de Inauguración del Pontificado con decenas de jefes de Estado y de delegaciones diplomáticas de todo el mundo.
Pero cuando su presencia será estelar tiene una fecha y un lugar: próximo sábado 23 en Castel Gandolfo. Allí, el fiel secretario, el emisario de Ratzinger y Bergoglio, el enigmático eslabón entre dos Papas, reunirá a sus «jefes» para un almuerzo en el que no faltarán confidencias entre el Vicario de Cristo, que no cesa de romper moldes desde la fumata blanca del pasado miércoles, y por primera vez en la historia, su antecesor vivo. Y todo, a un mes de que el único Papa alemán ocupe –junto a un grupo de colaboradores fieles entre los que se halla Gänswein- una estancia del convento Mater Ecclesiae. En el corazón de la Santa Sede.