Hace unos días colgué un estudio que se había hecho sobre las personas
a las que nos sobran unos “kilitos” ¿recordáis?. El problema nos venía porque faltaban en nuestros estómagos unas bacterias que eran
las que hacían que estuviéramos flacos o gordos. Ya no es que nos pasemos en
comida, como siempre nos echan en cara, sino que ahora tenemos déficit en
bacterias que adelgazan. Bien!!! Por lo menos esta información nos hace sentirnos
menos culpables que es lo que, al final, nos hacían sentir los comentarios de
alrededor.
Ahora nos llegan unas declaraciones del Dr. Lundell sobre el colesterol
que, como poco, nos dejan con la boca abierta. Os adjunto todo el texto para que no me echéis la culpa de que no lo tenéis claro.
¿Qué hacer ante esta información? ¿Seguimos tomando la pastillita
para reducir el colesterol (ésa compuesta de estatina que dicen es tan efectiva
y que, a veces no lo es) o la dejamos de tomar, a tenor de estas declaraciones?
Si consultamos sobre todos estos temas con otros doctores, nos
volveremos locos con sus respuestas tan diversas, entonces ¿qué hacer?
Yo creo que lo único que nos queda es esperar para que otra mente, aún
más lúcida, invente una pastillita que sea efectiva para todos nuestros
males (porfa sin contraindicaciones).
Mientras tanto, a rezar!!!!!
LOS
EMBUSTES SOBRE EL COLESTEROL
Saludalia
EL GRAN ENGAÑO DEL COLESTEROL
DR. DWIGHT LUNDELL* Un cirujano reconocido mundialmente
expone la verdadera causa de las enfermedades coronarias.
Nosotros, los médicos, con toda nuestra formación, los conocimientos y la
autoridad que uno va adquiriendo, tendemos a aumentar nuestro ego y
difícilmente admitimos que nos hemos equivocado. Y sin embargo, tengo que
confesar que me he equivocado. Como cirujano del corazón, con 25 años de
experiencia, con más de 5000 cirugías realizadas de corazón abierto, hoy ha
llegado el momento de reparar el daño mediante los hechos médicos y
científicos. He estado formando durante muchos años a otros médicos, de esos a
los que luego se etiqueta como "formadores de opinión".
Asediados por la literatura científica, asistiendo de forma
continua a seminarios, los creadores de opinión han insistido en que las
enfermedades coronarias son el resultado del simple hecho de tener unos niveles
de colesterol muy elevados en sangre. La única terapia aceptada ha sido la de
prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en
grasas. Un menor consumo de grasas traería consigo una disminución en la cantidad
de colesterol y se reducían las enfermedades coronarias.
Cualquier desviación de estas recomendaciones se consideraba una herejía y daba
lugar a la realización de malas prácticas médicas. ¡Pero no está funcionado!
Estas recomendaciones no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El
descubrimiento hace unos años de que es la inflamación en la pared arterial la
causa real de la enfermedad cardíaca, es lo que poco a poco está dando lugar a
un cambio de paradigma en la forma en que son tratadas las enfermedades
cardíacas y otras dolencias crónicas. Las recomendaciones dietéticas
establecidas desde hace mucho tiempo han provocado epidemias de obesidad y de
diabetes, consecuencias que empequeñecen cualquier otra plaga histórica en
términos de mortalidad, sufrimiento humano y de graves consecuencias
económicas.
A pesar de que el 25% de la población toma costosos medicamentos a base de
estatinas, y a pesar del hecho de que hemos reducido la cantidad de grasa
presente en nuestra dieta, cada vez mueren más personas por enfermedades que
afectan al corazón. Las estadísticas de la American Heart Association indican
que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20
millones padecen diabetes y 57 millones pre-diabetes. Estos trastornos afectan
cada vez a personas más jóvenes, en mayor número cada año. En pocas palabras,
sin la inflamación corporal no es posible que se acumule el colesterol en las
paredes de los vasos sanguíneos y se causen de este modo enfermedades cardíacas
y apoplejías. Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el
cuerpo; es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado. La
inflamación no es un proceso complejo, se trata simplemente de una reacción
natural del cuerpo ante invasores extraños, tales como bacterias, toxinas o
virus. El ciclo inflamatorio es una forma de proteger al cuerpo ante invasores
bacterianos y virales. Sin embargo, si se expone de forma crónica a nuestro
organismo a toxinas o alimentos que el cuerpo humano no está preparado para
procesar, se produce entonces una inflamación crónica. La inflamación crónica
es tan dañina como beneficiosa una inflamación aguda.
¿Qué persona sensata se expondría de forma intencionada en repetidas ocasiones
a alimentos u otras sustancias que sabe le causan daño corporal? Bueno, quizás
los fumadores, pero al menos se trata de una decisión voluntaria. El resto nos
limitamos a seguir la dieta recomendada, baja en grasas y alta en grasas
poliinsaturadas y carbohidratos, sin saber que estamos causando repetidas
agresiones a nuestros vasos sanguíneos. Esta agresión repetida produce una
inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes
cerebrovasculares, a la diabetes y la obesidad.
Permítanme que se lo repita: la lesión e inflamación de nuestros vasos
sanguíneos está causada por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante
años por la medicina convencional. ¿Cuáles son los mayores culpables de la
inflamación crónica? En pocas palabras, la sobrecarga de hidratos de carbono
simples y alimentos muy procesados (azúcar, harina y todos los productos
derivados) y un exceso de consumo de aceites vegetales con omega-6, tales como
aceites de soja, maíz y girasol, que se encuentran presentes en muchos
alimentos procesados.
Visualice lo siguiente: un cepillo duro que repetidamente se
frota sobre la piel hasta que ésta enrojece y sangra, esto durante varias veces
al día, así diariamente durante 5 años. Si se tolerase este cepillado, se
produciría sangrado, hinchazón de la zona afectada, que cada vez sería peor a
medida que repite la agresión. Esta es una buena forma de visualizar el proceso
inflamatorio, y es lo que podría estar pasando en su cuerpo ahora mismo.
Independiente de dónde se produzca el proceso inflamatorio, bien interna o
externamente, es lo mismo. He observado el interior de miles y miles de
arterias. Una arteria enferma se ve como si alguien hubiese cogido un cepillo y
lo hubiese frotado varias veces contra las paredes. Varias veces al día, todos
los días, los alimentos que comemos producen pequeñas lesiones, sobre las que
se producen otras, de modo que es la causa de que nuestro cuerpo responda de
forma continua con inflamación.
A pesar de que resulta tentador saborear los dulces, nuestros cuerpos responden
de forma alarmante, como si un invasor extraño nos declarase la guerra. Los
alimentos están cargados de azúcar, carbohidratos simples, o procesados con
omega-6, uno de los pilares de la dieta norteamericana durante varias décadas.
Estos alimentos nos envenenan lentamente a todos. ¿Cómo un simple dulce produce
una cascada de inflamaciones que hace que el cuerpo enferme? Imagínese que
rocía el teclado con miel; esto es una representación visual de lo que ocurre
dentro de la célula. Cuando consumimos hidratos de carbono simples, tales como
el azúcar, los niveles de azúcar en la sangre se elevan rápidamente. Como
respuesta, el páncreas segrega insulina, cuya misión principal es que el azúcar
llegue a todas las células donde se almacena la energía. Pero si la célula está
llena, si no necesita más glucosa, se rechaza el exceso para evitar una
disfunción de los procesos que se llevan a cabo en su interior. Cuando las
células rechazan el exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en
sangre, aumentando la producción de insulina, y se almacena en forma de grasa.
¿Qué tiene que ver todo esto con la inflamación? La cantidad de azúcar en
sangre se controla entre unos valores máximos y mínimos muy estrechos. Las
moléculas de azúcar se unen a una amplia variedad de proteínas, que lesionan
las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los
vasos sanguíneos desencadena la inflamación. Cuando sube el nivel de azúcar en
sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el
delicado interior de los vasos sanguíneos. Si bien no puede observarlo, puede
estar seguro de que ocurre así.
Lo he visto en más de 5000 pacientes sometidos a cirugía durante los 25 años
que llevo ejerciendo. Todos ellos tenían un denominador común: la inflamación
de las arterias. Volvamos al asunto de los dulces. Bajo su inocente aspecto, no
sólo contienen azúcar, sino que también están elaborados con ácidos grasos
omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen
con aceite de soja, muchos alimentos procesados se fabrican con ácidos grasos
omega-6, para que así tengan más larga duración. Mientras que las grasas
omega-6 son esenciales al formar parte de la membrana celular, y así controlar
lo que entra y sale de la célula, deben estar en un equilibrio adecuado con los
omega-3.Si este equilibrio se rompe por el consumo excesivo de ácidos grasos
omega-6, la membrana de la célula produce unas sustancias químicas denominadas
citoquinas, que causan directamente inflamación.
Hoy en día, la dieta suele producir un desequilibrio muy grande entre estos dos
tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno de
15:1, o incluso de 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esto produce una
enorme cantidad de citoquinas que causan la inflamación. Lo ideal sería una
proporción de 3:1 para que fuese saludable. Para empeorar aún más las cosas, el
sobrepeso produce una sobrecarga de células grasas que vierten grandes
cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las
lesiones causadas por los altos niveles de azúcar en sangre. El proceso que
comenzó consumiendo productos dulces se convierte en un círculo vicioso que con
el tiempo genera una enfermedad cardíaca, elevada presión arterial, diabetes, y
por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio no disminuye.
No se puede olvidar el hecho de que cuanto más se consumen alimentos
procesados, más se dispara la inflamación, un poco cada día. El cuerpo humano
no puede procesar, ni fue diseñado para consumir, los alimentos envasados con
azúcar y preparados con ácidos grasos omega-6. No hay otra solución para
disminuir la inflamación que consumir los alimentos lo más cercano posible a su
estado natural. Para reconstruir un músculo, se deben consumir más proteínas.
Para tener energía elija carbohidratos complejos, tales como los presentes en
frutas, verduras y granos integrales. Reduzca o elimine el consumo de los
ácidos grasos omega-6, tales como el aceite de maíz y soja, y los alimentos
procesados que se han elaborado con estos aceites. Una cucharada de aceite de
maíz contiene 7,280 mg de ácidos grasos omega-6; la soja 6,949 mg. En su lugar, utilice aceite de oliva o
mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto. Las grasas animales
contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir
inflamación que los aceites poliinsaturados, de los que se dicen que son
supuestamente saludables. No es cierto que las grasas saturadas produzcan
enfermedades cardíacas.
Tampoco aumentan en exceso los niveles de colesterol en la
sangre. Ahora sabemos que el colesterol no es la causa de la enfermedad
cardíaca, así que la preocupación por las grasas saturadas resulta absurda hoy
en día. La teoría del colesterol llevó a recomendar alimentos sin grasa, con
pocas calorías, lo que trajo consigo el consumo de otros alimentos que han
causado esta epidemia de inflamaciones.
La medicina convencional cometió un tremendo error cuando aconsejó a la gente
que evitara las grasas saturadas en favor de los alimentos ricos en ácidos
grasos omega-6. Ahora tenemos una epidemia de inflamación de las arterias, que
conduce a enfermedad cardíaca y otras muertes silenciosas. Lo que usted puede
hacer es consumir alimentos integrales, de los que su abuela sabía, y no esta
moda de consumir tantos alimentos procesados. Eliminando los alimentos que
producen inflamación y añadiendo los nutrientes esenciales presentes en los
alimentos frescos no elaborados, se revertirían los daños en las arterias y en
todo su cuerpo.
* El Dr. Dwight Lundell es jefe del Servicio de Cirugía Coronaria en el
hospital Banner Heart Hospital, Mesa , AZ. Recientemente dejó la cirugía para
centrarse en el tratamiento nutricional de las enfermedades cardíacas. Es el
fundador de Healthy Humans Foundation, que promueve la salud humana mediante un
enfoque que ayude a las Corporaciones a promover la salud. Es
también autor de "The Cure for Heart Disease" and "The Great
Cholesterol Lie.